Unas líneas de reflexión entre la vida y la muerte
Mmm.. no se ni por donde empezar. A veces uno no es capaz de entender cómo es que Dios (para los que creemos en el) mueve las cosas, o las hace de tal forma que no podemos entenderlas y creemos que comete injusticias.
Mientras estudiaba para mi examen de historia del arte, el sábado, aproximadamente a las 10:30 de la noche, una persona se encontraba manejando a exceso de velocidad, claro está, con alcohol que transitaba en su sangre, esta imprudencia hizo que una persona de 18 años, un chico sano, estudiante, buen hijo, buen amigo y bien parecido, saliera del carro en el que iban y que este mismo quedase en coma. Hoy, ya martes a las 12:25 am sigue igual. Mucha gente le estamos pidiendo a Dios que se recupere, no entendemos porque le pasa a una persona que no debía ni temía lo que actualmente está pasando; es entonces cuando nos cuestionamos ¿Por qué a el?, ¿Por qué no al impertinente que manejaba a exceso de velocidad en su mustang?, ¿Es qué acaso que a sus 28 años no ha obtenido la madurez suficiente para entender que el alcohol no se mezcla al manejar, y menos cuando tienes a 3 personas de entre 17 y 18 años más bajo tu responsabilidad?. Estas líneas no son para hablar mal de una persona, la cual sinceramente merece el repudio de mucha de la gente que rodea a este chico mencionado, al cual apodan Colo.
Yo no tengo una estrecha relación con este chico, más una persona de mi familia sí, mi hermana. Lo veía cada vez que mi hermana y sus amigos se juntaban en mi casa a "pistear", o aquellas veces en la que recogía a mi hermana de alguna fiesta y le dabamos raite a la casa de su primo, el cual es mi vecino.
Yo, Brendah, no suelo ser una persona muy abierta, tiendo a observar y después de que he creado mi teoría sobre la gente, es cuando decido si debo o no a abrirme con las personas. A Colo en lo particular lo recuerdo en una ocasión, en la que yo "como siempre" estaba haciendo cosas en mi casa y no prestaba mayor atención a lo que hacían mi hermana y sus amigos, pero casí puedo asegurar que he de haber tenido una cara de indiferencia hacia ellos ya que suelo ser también lo que mucha gente puede considerar "sangrona". Sin importar lo antes dicho, el se acercó y me llamó por mi nombre, el cual debió de saber por mi hermana o que quizá algún día escuchó que alguien asi me llamo. Me preguntó si no tenía unas pastillas, las cuales no recuerdo el nombre, ni para que eran, le conteste que creía que sí y fui a buscarlas, estuvimos en la cocina, hablando solo de lo que se tenía que tomar y cosas nada relevantes. Dicho suceso hizo que yo lo viera de otra forma; a el no le había importado el que yo fuera una pedante con el y con la mayoría de los amigos de mi hermana, lo cual tengo que confesar no es solo con ellos, si no con mucha gente en general, es parte de mi, de mi caracter, no lo sé, pero me sorprendió con la familiaridad con la que me había tratado, como si el y yo platicaramos siempre. En ese momento pensé que este niño era una buena persona, y que yo me encontraba en un punto en el que debía salir. Más tarde al momento de irse yo me encontraba en el cuarto de mis papás con la puerta abierta y el se despidió desde la puerta de mi, volví a creer que yo era una persona demasiado cerrada.
Hoy, tras este "acontecimiento", por llamarlo de alguna forma, me hace reflexionar mucho.
Dios, ¿Lo hiciste para hacernos reflexionar?. Las unicas respuestas que me vienen a la mente, es pensar que esto es una sacudida para toda la gente que rodea a Colo,y que pretende que nos haga entender que el alcohol no sirve de nada, más que para crear conflictos innecesarios; revalorar la vida, desde el punto de vista que una persona jóven se debate entre la vida y la muerte y quienes vivimos, nos encontramos muertos en vida. Cosas como estas invaden mi cabeza por el momento.
No se que vaya a pasar. Confío en que todo saldrá bien, y que Dios sabrá mover sus hilitos para que esta historia concluya de la mejor manera para el, ya sea quedarse con bien o irse de igual forma. Colo es jóven... y dicen que mientras hay vida... hay esperanza. Así sea.
Mientras estudiaba para mi examen de historia del arte, el sábado, aproximadamente a las 10:30 de la noche, una persona se encontraba manejando a exceso de velocidad, claro está, con alcohol que transitaba en su sangre, esta imprudencia hizo que una persona de 18 años, un chico sano, estudiante, buen hijo, buen amigo y bien parecido, saliera del carro en el que iban y que este mismo quedase en coma. Hoy, ya martes a las 12:25 am sigue igual. Mucha gente le estamos pidiendo a Dios que se recupere, no entendemos porque le pasa a una persona que no debía ni temía lo que actualmente está pasando; es entonces cuando nos cuestionamos ¿Por qué a el?, ¿Por qué no al impertinente que manejaba a exceso de velocidad en su mustang?, ¿Es qué acaso que a sus 28 años no ha obtenido la madurez suficiente para entender que el alcohol no se mezcla al manejar, y menos cuando tienes a 3 personas de entre 17 y 18 años más bajo tu responsabilidad?. Estas líneas no son para hablar mal de una persona, la cual sinceramente merece el repudio de mucha de la gente que rodea a este chico mencionado, al cual apodan Colo.
Yo no tengo una estrecha relación con este chico, más una persona de mi familia sí, mi hermana. Lo veía cada vez que mi hermana y sus amigos se juntaban en mi casa a "pistear", o aquellas veces en la que recogía a mi hermana de alguna fiesta y le dabamos raite a la casa de su primo, el cual es mi vecino.
Yo, Brendah, no suelo ser una persona muy abierta, tiendo a observar y después de que he creado mi teoría sobre la gente, es cuando decido si debo o no a abrirme con las personas. A Colo en lo particular lo recuerdo en una ocasión, en la que yo "como siempre" estaba haciendo cosas en mi casa y no prestaba mayor atención a lo que hacían mi hermana y sus amigos, pero casí puedo asegurar que he de haber tenido una cara de indiferencia hacia ellos ya que suelo ser también lo que mucha gente puede considerar "sangrona". Sin importar lo antes dicho, el se acercó y me llamó por mi nombre, el cual debió de saber por mi hermana o que quizá algún día escuchó que alguien asi me llamo. Me preguntó si no tenía unas pastillas, las cuales no recuerdo el nombre, ni para que eran, le conteste que creía que sí y fui a buscarlas, estuvimos en la cocina, hablando solo de lo que se tenía que tomar y cosas nada relevantes. Dicho suceso hizo que yo lo viera de otra forma; a el no le había importado el que yo fuera una pedante con el y con la mayoría de los amigos de mi hermana, lo cual tengo que confesar no es solo con ellos, si no con mucha gente en general, es parte de mi, de mi caracter, no lo sé, pero me sorprendió con la familiaridad con la que me había tratado, como si el y yo platicaramos siempre. En ese momento pensé que este niño era una buena persona, y que yo me encontraba en un punto en el que debía salir. Más tarde al momento de irse yo me encontraba en el cuarto de mis papás con la puerta abierta y el se despidió desde la puerta de mi, volví a creer que yo era una persona demasiado cerrada.
Hoy, tras este "acontecimiento", por llamarlo de alguna forma, me hace reflexionar mucho.
Dios, ¿Lo hiciste para hacernos reflexionar?. Las unicas respuestas que me vienen a la mente, es pensar que esto es una sacudida para toda la gente que rodea a Colo,y que pretende que nos haga entender que el alcohol no sirve de nada, más que para crear conflictos innecesarios; revalorar la vida, desde el punto de vista que una persona jóven se debate entre la vida y la muerte y quienes vivimos, nos encontramos muertos en vida. Cosas como estas invaden mi cabeza por el momento.
No se que vaya a pasar. Confío en que todo saldrá bien, y que Dios sabrá mover sus hilitos para que esta historia concluya de la mejor manera para el, ya sea quedarse con bien o irse de igual forma. Colo es jóven... y dicen que mientras hay vida... hay esperanza. Así sea.


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